El Silencio Secular de la Mujer Argentina

Durante más de un siglo de vida republicana, la mujer argentina estuvo privada de los derechos cívicos más elementales. La célebre Ley Sáenz Peña de 1912, que instituyó el sufragio universal, secreto y obligatorio, había excluido deliberadamente a la mitad de la población: las mujeres no votaban, no podían ser candidatas, ni tenían voz en las grandes decisiones del Estado. Se las consideraba civilmente incapaces en el Código Civil de Vélez Sársfield.

Pioneras como Julieta Lanteri, Alicia Moreau de Justo y Elvira Rawson habían presentado más de una veintena de proyectos de ley en el Congreso Nacional durante tres décadas. Todos ellos dormían el sueño de los justos en los cajones parlamentarios, bloqueados sistemáticamente por las mayorías conservadoras que argumentaban que “la política corrompería la armonía del hogar”.

“Ha llegado la hora de la mujer que piensa, juzga, rechaza o acepta, y ha muerto la hora de la mujer que asiste, atada e impotente, a la caprichosa elaboración de la suerte de su pueblo.”
— Eva Perón, 23 de Septiembre de 1947

La Batalla Incansable de Evita y la Movilización Popular

Apenas asumido el primer gobierno del general Juan Domingo Perón en 1946, Eva Perón tomó la bandera de los derechos cívicos como una causa personal e impostergable. Evita no concebía la justicia social sin la emancipación femenina: la mujer trabajadora era el corazón de la familia obrera y debía ser artífice de la transformación política de la patria.

Durante 1946 y 1947, Evita encabezó una movilización popular sin precedentes: recorrió fábricas textiles, frigoríficos, hospitales y talleres ferroviarios llamando a las obreras a organizarse. Habló semanalmente por la cadena oficial de radiodifusión, demoliendo uno a uno los argumentos de la oligarquía conservadora que afirmaba que “las mujeres no estaban preparadas para la vida pública”. Evita respondía con la fuerza de su pasión: “La mujer argentina ha superado el período de las tutorías civiles; no venimos a pedir una dádiva paternalista, venimos a tomar lo que nos corresponde por derecho sagrado e inalienable”.

Eva Perón dialogando con las trabajadoras argentinas
Eva Perón en contacto directo con las trabajadoras: la organización popular como motor de la conquista cívica.

La Sanción de la Ley 13.010 y el Festejo Histórico

El 9 de septiembre de 1947, tras jornadas de intensos debates parlamentarios acompañados por una vigilia multitudinaria de mujeres frente al Congreso Nacional, la Cámara de Diputados sancionó por unanimidad la Ley 13.010.

Catorce días después, el 23 de septiembre de 1947, una Plaza de Mayo desbordada de trabajadoras, enfermeras, maestras y madres de familia fue escenario de la promulgación histórica. Desde el balcón de la Casa de Gobierno, el presidente Perón entregó en mano a Evita el documento de la ley. Aquella tarde, Evita pronunció palabras que conmovieron al país entero:

“Mujeres de mi patria: recibo en este instante de manos del gobierno de la Nación la ley que consagra nuestros derechos cívicos. Y la recibo ante vosotras con la certeza de que lo hago en nombre y representación de todas las mujeres argentinas, sintiendo jubilosamente que me tiemblan las manos al contacto del laurel que proclama la victoria.”

La Creación del Partido Peronista Femenino (1949) y las Delegadas Censistas

Evita comprendió que la ley por sí sola sería letra muerta si las mujeres no se organizaban políticamente de forma independiente. Por eso, el 26 de julio de 1949 fundó el Partido Peronista Femenino (PPF), una estructura inédita en la historia política universal:

Evita encabezando el Congreso del Partido Peronista Femenino
Evita conduciendo a las delegadas del Partido Peronista Femenino: una escuela de militancia y dignidad popular.

Las Elecciones del 11 de Noviembre de 1951: La Entrada Triunfal al Congreso

El 11 de noviembre de 1951 se celebraron las elecciones nacionales generales. Por primera vez en la historia argentina, 3.816.779 mujeres votaron, alcanzando una participación masiva del 90,3% del padrón femenino, superando incluso el porcentaje de votantes masculinos.

En una escena de infinita ternura y solemnidad patriótica, Evita —internada y gravemente debilitada por su enfermedad— emitió su voto desde la cama del Policlínico Presidente Perón de Avellaneda, custodiada por las autoridades de mesa y rodeada de enfermeras visiblemente conmovidas.

El impacto en la representación política no tuvo parangón en América Latina: ingresaron al Congreso de la Nación 23 diputadas nacionales y 6 senadoras nacionales peronistas. Mujeres de pueblo —obreras del vestido, maestras rurales y enfermeras— ocuparon las bancas que hasta entonces habían sido coto cerrado de la oligarquía terrateniente, redactando leyes en favor de la niñez, la salud pública y los derechos de la familia trabajadora.