1. El Misterio de un Amor Entrega Total
Nacida en Los Toldos en la más absoluta humildad, María Eva Duarte conoció desde niña el dolor de la injusticia social y la hipocresía de los poderosos. Cuando en enero de 1944 se encontró con el coronel Juan Domingo Perón en el festival del Luna Park en auxilio de las víctimas del terremoto de San Juan, dos destinos se unieron para fundar una epopeya nacional.
Evita no fue una primera dama decorativa de protocolo burgués. Eligió conscientemente ser el puente directo y ardiente entre el Presidente y la masa trabajadora. Renunció a los banquetes diplomáticos para instalarse en la Secretaría de Trabajo y Previsión, donde recibía diariamente a miles de ancianos, obreros y mujeres enfermas, mirándolos a los ojos y estrechándoles las manos.
2. Antología Fundamental de “La Razón de mi Vida” (1951)
Publicado en 1951, su libro autobiográfico y manifiesto doctrinario La Razón de mi Vida constituye el testimonio más desgarrador y luminoso de su entrega. A continuación, sus pasajes y reflexiones más trascendentales:
3. El Renunciamiento Histórico del 22 de Agosto de 1951
El 22 de agosto de 1951, dos millones de obreros convocados por la CGT colmaron la Avenida 9 de Julio en el Cabildo Abierto del Justicialismo, exigiendo a gritos que Evita aceptara la candidatura a la Vicepresidencia de la Nación junto al General Perón.
En un diálogo dramático que duró horas entre la multitud y su abanderada, Evita resistió las presiones de los sectores conservadores del Ejército que rechazaban a una mujer en la línea sucesoria y, consciente del cáncer que ya devoraba su cuerpo, pronunció días después su renuncia por cadena nacional:
“Renuncio a los honores, pero no a la lucha. Mi puesto de combate sigue estando en la trinchera de los humildes, al lado de Perón y junto a mis queridos descamisados.”
4. Su Inmortalidad
El 26 de julio de 1952, a las 20:25 horas, Eva Perón pasaba a la inmortalidad a los 33 años. El dolor del pueblo argentino paralizó a la República entera: millones de personas despidieron sus restos en una fila interminable bajo la lluvia durante más de dos semanas en el Ministerio de Trabajo y en el Congreso.
La dictadura de 1955 secuestró su cuerpo, lo mutiló y lo ocultó durante dieciséis años en una tumba anónima en Milán bajo el nombre falso de “María Maggi de Magistris”. Pero ni el secuestro, ni el odio oligárquico pudieron borrar su presencia: hoy Evita resplandece viva en cada hospital público, en cada escuela, en el voto femenino y en la memoria indomable del pueblo argentino.