1. El Misterio de un Amor Entrega Total

Nacida en Los Toldos en la más absoluta humildad, María Eva Duarte conoció desde niña el dolor de la injusticia social y la hipocresía de los poderosos. Cuando en enero de 1944 se encontró con el coronel Juan Domingo Perón en el festival del Luna Park en auxilio de las víctimas del terremoto de San Juan, dos destinos se unieron para fundar una epopeya nacional.

Evita no fue una primera dama decorativa de protocolo burgués. Eligió conscientemente ser el puente directo y ardiente entre el Presidente y la masa trabajadora. Renunció a los banquetes diplomáticos para instalarse en la Secretaría de Trabajo y Previsión, donde recibía diariamente a miles de ancianos, obreros y mujeres enfermas, mirándolos a los ojos y estrechándoles las manos.

2. Antología Fundamental de “La Razón de mi Vida” (1951)

Publicado en 1951, su libro autobiográfico y manifiesto doctrinario La Razón de mi Vida constituye el testimonio más desgarrador y luminoso de su entrega. A continuación, sus pasajes y reflexiones más trascendentales:

“Confieso que tengo una sola ambición, una sola y gran ambición personal: que de mí se diga, cuando se escriba el capítulo maravilloso que la historia dedicará seguramente a Perón, que hubo al lado de Perón una mujer que se dedicó a llevar al Presidente las esperanzas del pueblo, y que a esa mujer el pueblo la llamaba cariñosamente Evita.”
Capítulo 1: “Un Caso de Azar” — La Razón de mi Vida
“El peronismo no se aprende ni se proclama: se comprende y se siente. Por eso es convicción y es fe. De nada valdría un movimiento peronista que no produjese cada día una profunda revolución popular en el alma de los humildes.”
Capítulo 12: “El Movimiento y la Doctrina”
“Para los ricos nunca nada es demasiado bueno; para los pobres, en cambio, siempre ha bastado lo que sobraba. En mi Fundación los pobres recibirán lo mejor: sábanas de hilo, vajilla fina y la mejor medicina del mundo, porque lo mejor de la patria es el pueblo.”
Capítulo 38: “Justicia, no Caridad”
“Donde existe una necesidad, nace un derecho. No hay nada más humillante que la limosna que da la oligarquía para comprar su tranquilidad de conciencia.”
Capítulo 41: “El Dolor de los Descamisados”
Evita en la Fundación Eva Perón junto a los humildes
Evita en su despacho de la Fundación: el trabajo incansable, la caricia fraterna y el abrazo protector para cada niño y anciano.
“Los fanáticos son los únicos que salvan a los pueblos, porque los tibios son arrojados de la boca de Dios. Solo los que sienten la causa popular como un fuego devorador son capaces de consumirse en la hoguera de la redención social.”
Capítulo 53: “El Fanatismo por el Pueblo”
“Yo no quise ni quiero nada para mí. Mi gloria es y será siempre el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo. Y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria.”
Discurso del 17 de Octubre de 1951 • Mensaje al Pueblo

3. El Renunciamiento Histórico del 22 de Agosto de 1951

El 22 de agosto de 1951, dos millones de obreros convocados por la CGT colmaron la Avenida 9 de Julio en el Cabildo Abierto del Justicialismo, exigiendo a gritos que Evita aceptara la candidatura a la Vicepresidencia de la Nación junto al General Perón.

En un diálogo dramático que duró horas entre la multitud y su abanderada, Evita resistió las presiones de los sectores conservadores del Ejército que rechazaban a una mujer en la línea sucesoria y, consciente del cáncer que ya devoraba su cuerpo, pronunció días después su renuncia por cadena nacional:

“Renuncio a los honores, pero no a la lucha. Mi puesto de combate sigue estando en la trinchera de los humildes, al lado de Perón y junto a mis queridos descamisados.”

4. Su Inmortalidad

El 26 de julio de 1952, a las 20:25 horas, Eva Perón pasaba a la inmortalidad a los 33 años. El dolor del pueblo argentino paralizó a la República entera: millones de personas despidieron sus restos en una fila interminable bajo la lluvia durante más de dos semanas en el Ministerio de Trabajo y en el Congreso.

La dictadura de 1955 secuestró su cuerpo, lo mutiló y lo ocultó durante dieciséis años en una tumba anónima en Milán bajo el nombre falso de “María Maggi de Magistris”. Pero ni el secuestro, ni el odio oligárquico pudieron borrar su presencia: hoy Evita resplandece viva en cada hospital público, en cada escuela, en el voto femenino y en la memoria indomable del pueblo argentino.