El Estatuto del Peón Rural
Hasta 1944, el campo argentino vivía bajo relaciones de servidumbre semifeudal. El peón golondrina trabajaba de sol a sol sin límite de horario, dormía sobre bolsas de arpillera en galpones húmedos, cobraba en vales canjeables únicamente en la pulpería del patrón y podía ser despedido a capricho sin un centavo.
El Estatuto fijó por primera vez en la historia un salario mínimo obligatorio en moneda legal, jornada máxima de 8 horas, descanso dominical ininterrumpido, vacaciones pagadas, alimentación sana provista por la estancia, vivienda higiénica y asistencia médica gratuita. La Sociedad Rural lo calificó como “un golpe de muerte a la producción agrícola”, pero para millones de campesinos fue la llegada de la luz y la justicia.
El Sueldo Anual Complementario (Aguinaldo)
A escasas semanas de la Navidad de 1945 y tras la histórica movilización del 17 de Octubre, Perón promulgó el Sueldo Anual Complementario (SAC) para todos los trabajadores asalariados de la República Argentina.
La norma obligó a los empleadores a abonar un sueldo extra cada año, permitiendo que las familias obreras tuvieran una mesa digna para Nochebuena y pudieran vacacionar. Las cámaras patronales se negaron inicialmente a pagarlo convocando a un “lockout”, pero una masiva huelga general obrera quebró la resistencia de los empresarios y selló el aguinaldo como conquista inmutable.
Vacaciones Pagadas y Turismo Obrero
Hasta el peronismo, el descanso anual era un privilegio exclusivo de las familias adineradas. El decreto instituyó el derecho irrenunciable a vacaciones anuales pagadas por el empleador, proporcionales a la antigüedad del trabajador.
Para hacer efectivo este derecho, el gobierno construyó los monumentales complejos de turismo social de Chapadmalal (Mar del Plata) y Embalse de Río Tercero (Córdoba), permitiendo que por primera vez millones de peones, metalúrgicos y costureras pudieran conocer el mar y las sierras junto a sus hijos.
Los Tribunales de Trabajo (Justicia Laboral Autónoma)
Antes de esta reforma, cualquier conflicto entre patrón y obrero se dirimía ante la justicia civil común, un ámbito costoso y elitista donde los jueces siempre fallaban a favor de los poderosos.
Perón creó un fuero judicial especializado: los Tribunales del Trabajo, consagrando el principio rector universal “In dubio pro operario” (en caso de duda, se fallará siempre a favor de la parte más débil, el trabajador). La justicia dejó de ser una quimera para los pobres.
Convenios Colectivos y Paritarias Nacionales
Consagró el sistema de negociación colectiva por rama de actividad industrial con fuerza obligatoria erga omnes (para todos los trabajadores del sector).
Se fijaron las Comisiones Paritarias integradas por representantes electos de los sindicatos y de las empresas bajo arbitraje del Ministerio de Trabajo, discutiendo salarios, condiciones de seguridad e higiene, categorías profesionales y licencias especiales.
Jubilaciones Universales y Seguridad Social
Hasta 1943, solo una minoría de empleados públicos y militares gozaba de jubilación. En pocos años, el peronismo extendió las cajas de jubilación a los obreros de la industria (Ley 12.921), empleados de comercio (Ley 12.612), peones rurales, gastronómicos, choferes y trabajadores autónomos.
El número de beneficiarios previsionales pasó de unos pocos cientos de miles a más de 5 millones de personas, asegurando que ningún anciano de la patria quedara desamparado al llegar a la vejez.
Protección de la Maternidad y Familia Obrera
Se prohibió de forma terminante el despido de la mujer trabajadora por causa de matrimonio o embarazo, garantizando la estabilidad absoluta en el empleo.
Se instauró la licencia por maternidad remunerada de 90 días (pre y post parto), descansos diarios pagos para lactancia en fábricas y la obligación patronal de habilitar guarderías maternales en establecimientos con más de 50 obreras.
Indemnización por Despido y Preaviso Obligatorio
Puso fin al régimen arbitrario donde el empleador despedía a un operario de la noche a la mañana sin causa ni explicación.
Se fijó la indemnización obligatoria equivalente a un mes de sueldo por cada año de antigüedad, más un período de preaviso remunerado de 1 a 2 meses, protegiendo el sustento familiar frente a las represalias de las patronales.
El “Fifty-Fifty”: La Mitad del PBI para el Pueblo
Gracias a los aumentos salariales reales sistemáticos, las paritarias y la dignificación del trabajo, la masa salarial de los trabajadores pasó de representar el 36% del Producto Bruto Interno en 1943 al 53% del PBI en 1954.
Fue la única vez en la historia argentina y latinoamericana en que los asalariados se quedaron con más de la mitad de la riqueza que producían con sus propias manos: el verdadero e histórico “Fifty-Fifty” justicialista.
El Sueño de la Casa Propia de Material
A través de créditos del Banco Hipotecario a 30 y 40 años con tasas de interés fuertemente subsidiadas del 3% anual, más de 500.000 familias trabajadoras pudieron construir o comprar su propia casa de ladrillos, tejas y jardín.
El obrero dejó de ser un inquilino hacinado en los conventillos de alquiler usurero para transformarse en propietario digno de su propio techo familiar.